De la estadistica al campo.

Por Luciano Aba

La tendencia se consolidó:
Las distintas facultades de Ciencias Veterinarias de nuestro país reciben un número cada vez mayor de mujeres en sus cursos de ingreso. Pero esto no es todo ya que, contrariamente a lo que ocurría tiempo atrás, parte de estas alumnas culminan especializándose en cuestiones ligadas a las actividades de campo orientadas a bovinos de carne y leche.
Si bien es cierto que desde hace años las mujeres veterinarias ocupan un destacado lugar en aquellas situaciones prácticas vinculadas a los animales de compañía y al diagnóstico en laboratorios de análisis, comienza a resaltarse también su presencia en la clínica de grandes animales.
Comprendiendo esta situación y resaltándola como un punto a tener en cuenta de cara al desarrollo a futuro de la profesión.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


Los primeros pasos
Minutos antes de arribar a la entrevista que habíamos pautado, la Dra. María Pía Montone había estado realizando unos sangrados en un campo cercano a Bedatou y Asociados, empresa de servicios veterinarios ubicada en Bolivar, provincia de Buenos Aires.
“Estoy acá desde hace ya un año y mi trabajo específico es el de ir mensualmente a 12 establecimientos de cría a tomar muestras para, después de hacer los análisis, definir los tratamientos a seguir en cada uno de los casos. Más allá de esto, me gusta estar en la manga y ayudar a mis compañeros en todas las acciones a campo en las cuales me necesiten”, nos explicó María Pía.
Hija de un médico veterinario y egresada de la Facultad  de Tandil en 2006, con su especialización realizada en Sanidad Animal, Montone reconoce que las cuestiones familiares y el haber pasado su infancia en el campo (Sierra de los Padres) favorecieron la decisión de volcarse hacia esta profesión. “Con mis compañeras de facultad siempre hablábamos respecto de cómo haríamos para comenzar a trabajar en una  veterinaria de grandes animales.
Sin embargo y si bien al comienzo tiene sus dificultades, una vez que te ven trabajar, se terminan todas las dudas”, destacó quien también llevó adelante su residencia en el INTA Balcarce de 2007 a 2008.
En este sentido, María Pía recuerda su primer trabajo a campo: “Cuando me vieron llegar, sin dudas, se sorprendieron.
Trataban de ayudarme, fundamentalmente en todo aquello que requería de cierta fuerza. Más allá de esto, no veo ninguna diferencia entre mi trabajo y el que podría realizar un varón en mi lugar.
Como en todo, te prueban hasta que te ve trabajar y se quedan tranquilos”.
Por último y en base a su experiencia, la profesional destacó un cambio en la mentalidad de los productores ganaderos de su zona: “a comparación de años anteriores, los productores están hoy más atentos a los problemas sanitarios de sus animales: ven un ternero rengo o una vaca caída y nos llaman. Esto debemos aprovecharlo para mejorar la situación de todos los rodeos”.

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